En la lectio podemos distinguir:
- Una preparación (I)
- La lectio propiamente dicha (II)
Dentro de la preparación (I) está lo que podríamos llamar:
- El "tomar conciencia de lo que vamos a hacer" (A) y la elección del texto (B)
En cuanto a la lectio propiamente dicha (II) vamos a distinguir:
- Cuatro momentos, deteniéndonos de una forma especial en el "tomar conciencia" y en el primero de los "momentos" de la lectio, que es la lectura.
I. PREPARACIÓN
A. TOMAR CONCIENCIA DE LO QUE VAMOS A HACER
Nosotros obramos de acuerdo a las convicciones que tenemos. Por eso primero vamos a ver algunas cosas, que si las sabemos y las asumimos nos van a ayudar a crear el clima de oración necesario.
1. La Biblia es Palabra Viva
La Biblia no es un libro de meditación, un libro que nos suscite ideas, un devocionario. Sino que es palabra de Dios, y eso significa que es palabra viva.
Que sea Palabra viva quiere decir que es una palabra que se me está dirigiendo ahora a mí. Así como yo les estoy hablando a ustedes ahora, esa palabra se dirige a cada uno de ustedes, y está resonando en ustedes en este momento, y ustedes me comprenden.
Una palabra muerta sería la palabra de un libro, que fue escrita en cualquier momento y no pensando en que ustedes lo iban a escuchar; el que lo escribió lo hizo para que lo leyera cualquiera, pero no ninguno de ustedes en particular.
Con la Biblia pasa muy distinto, porque Dios nos conoce a cada uno y sabe lo que cada uno de nosotros queremos, lo que necesitamos; y Él ahora, cuando vamos a leer la Sagrada Escritura, es el que nos habla. Incluso se podría pensar que Él inspiró este texto para que hoy cada uno de nosotros lo leyéramos.
No es que Dios nos revele algo nuevo, sino que es una revelación personal dirigida a mí, hoy y aquí.
2. Una Palabra que se dirige a mí
Esto es como una consecuencia de lo anterior. Si Dios me habla a mí quiere decir que este texto me habla a mí, que me toca a mí directamente; que yo aquí estoy leyendo un trozo de mi propia historia.
Es como decir que Dios, Jesús, hizo estas cosas y pronunció estas palabras que hoy leo en este texto pensando también en mí. Incluso, yendo más atrás, cuando Dios llamó a Abraham y le dijo:
"Ven y sal, Abram, de tu casa y te voy a hacer padre de muchas naciones",
eso lo dijo pensando en mí, en cada uno de nosotros.
Entonces, una de las tareas de la lectio va a ser tratar de descubrir dónde estoy yo en esta historia, en este texto.
3. La Escritura habla de Cristo
Toda la Sagrada Escritura es como una sola palabra que habla de Cristo. El mismo Espíritu que inspiró las escrituras, es el Espíritu de Cristo. Toda la historia de la salvación prepara la venida de Cristo y llega a su plenitud, toma su verdadero sentido, con Cristo.
4. Es una Palabra efectiva
Dios se revela para salvar al hombre, la finalidad de su revelación es causar un acontecimiento salvífico, dar lugar a una experiencia. Más que transmitir verdades, produce hechos.
Así como dice Isaías (55,10-11):
"Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que de simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí vacía, sino que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié"
Así también esta Palabra escrita de Dios hace su efecto. Para eso la inspiró Dios.
Con respecto a esto, muchos Padres de la Iglesia vieron así la encarnación del Verbo de Dios en María:
Cuando la Virgen recibió el anuncio del Ángel estaba dedicada a hacer la lectio sobre el texto de Isaías (7,14) que dice:
"He aquí que una doncella está embarazada y va a dar a luz a un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel..."
Y la Virgen leyó el texto, se dio cuenta que lo que estaba leyendo se refería a ella, es más, lo quiso, deseó que se cumpliese esa Palabra, lo pidió, y concibió al Verbo de Dios en su seno, la Palabra se hizo carne.
Entonces, en la lectio tenemos que compenetrarnos tanto por la palabra de tal forma que esa palabra produzca los frutos para los cuales fue pronunciada.
5. Es un acontecimiento de gracia
Leer la Sagrada Escritura es, digamos, acercarse a la gracia, a un acontecimiento de gracia. Es un contacto sacramental; es más o menos un contacto como el que tenemos con la Eucaristía.
Antiguamente se tenía más conciencia que ahora de esto, y entonces, cuando uno andaba como muy preocupado, muy tentado, agarraba y tocaba la Biblia, porque era como ponerse al lado de Cristo.
Y esto es muy cierto. Y si por el hecho de tocar las Escrituras tenemos un cierto contacto con Cristo, ¡cuánto más cuando la leemos! Por eso, por más que uno no entienda mucho lo que lee, el sólo hecho de estar ahí, en contacto con la Palabra, es ya un acontecimiento de gracia, de la gracia de Cristo. Y ya, de por sí, eso bastaría.
Y esto es importante tenerlo en cuenta, porque somos muy utilitaristas, nos ponemos a leer para "sacar algo" en claro; y no es necesario, no hace falta quedarse con alguna idea, lo importante es haber leído con fe y haber estado en contacto con la palabra de Dios que es fuente de gracia, porque es un contacto con Cristo.
Consecuencias:
Con estas convicciones la lectio divina va a resultar ser una lectura personal de la Palabra de Dios, por medio de la cual nos vamos a esforzar en asimilar la verdad y la vida que contiene.
Una lectura hecha en fe, en espíritu de oración, creyendo que Dios me habla con presencia y palabra actual por medio del texto sagrado.
A esta presencia real de Dios yo tengo que esforzarme por responder también con mi presencia actual, tengo que estar realmente, íntegramente metido aquí; en espíritu de obediencia y abandono tanto a las promesas como a las exigencias de Dios.
Va a resultar, entonces, una lectura:
- Sin apuro: apacible, reposada, desinteresada, leyendo por leer y no por haber leído
- Comprometida: en la que donamos toda nuestra persona, inteligencia, voluntad, imaginación, sentimientos, cuerpo
- Recogida: en actitud de fe y amor, buscando un contacto vivo y vivificante con la Palabra de Dios
- Sapiencial: porque su fin es la comunión con Dios, el estar con Dios, el gustar a qué sabe Dios
Una cosa interesante es que estas convicciones nos hacen actuar en consecuencia incluso corporalmente. No vamos a leer la Biblia como cuando leemos un Paturuzú, sino que:
- Por creer en la presencia del Señor en las Escrituras y que es con Él con quien vamos verdaderamente a dialogar (no en sentido figurado, como si...), vamos a reverenciar, venerar, la Biblia.
- Y nosotros nos vamos a meter en ese diálogo corporalmente, tomando la Biblia sobre las manos, o arrodillándonos antes de empezar, etc.
B. LA ELECCIÓN DEL TEXTO
Podemos hacer una lectio litúrgica, tomando el texto de la Misa del día, sobre todo el Evangelio. Es lo mejor cuando uno es primerizo.
Más adelante se podemos hacer una lectio temática, siguiendo un tema a lo largo de toda la Biblia o de un grupo de libros.
O también una lectio continua, leyendo de corrido toda la Biblia, un conjunto de libros o un solo libro
O haciéndola como carrera de posta: el texto de hoy nos sugiere otro, a este lo dejamos para el día siguiente, y así sucesivamente.
Pero es importante tener en claro antes sobre qué texto vamos a hacer la lectio, para no perder tiempo buscando. Y después quedarnos en ese texto.
Aquí vamos a elegir un texto del Evangelio de Mateo.
II- MOMENTOS DE LA LECTIO
Podríamos decir que la lectio consta de cuatro momentos:
- Primero la lectura (A), que de ahí viene la palabra lectio
- En segundo lugar la meditación (B)
- Tercero la oración (C)
- Y cuarto, la contemplación (D)
Si bien acá llamamos "oración" al tercer paso, toda la lectio es oración, incluso la misma preparación
Esta descripción de la lectio como dividida en cuatro viene de la Edad media, cuando, podríamos decir, hizo furor la lectio y más se la estudió.
Pero, en realidad, estos momentos no se dan como que termina uno y empieza el otro, sino que los momentos se suceden naturalmente, incluso pueden darse juntos o saltearse alguno, o volver al anterior...
Por otro lado, nosotros ahora vamos a describir un "método" de la lectio; pero esa sucesión de momentos, más que una técnica forzada, es lo que en realidad ocurre si nos ponemos a leer la Biblia tranquilos, libres y con el suficiente tiempo como para que suceda.
A. LECTURA
Quizás el momento en que es más importante y necesario detenernos es el primero, porque es el menos obvio, aunque parece el más sencillo de entender, porque se trata de una lectura especial.
Nosotros normalmente leemos muy rápido. Y lo que aquí tratamos de hacer es leer estos cuatro o cinco versículos del capítulo de Mateo por lo menos durante unos treinta minutos o más. Hay que centrarse en este primer paso, ver exactamente lo que el texto dice, lo que dice el Evangelio, lo que nosotros queremos que diga.
Leemos el texto, por ejemplo el del Evangelio según san Mateo 11,25-30:
"En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: 'Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera."
Entonces lo que primero hacemos es leerlo lentamente, recordando lo decíamos al comienzo: que aquí está mi historia, la de cada uno de ustedes, y es a nosotros a quien el Señor dirige esta palabra.
Una cosa que nos puede ayudar a hacer una lectura un poco mas lenta es, por ejemplo, transcribirlo; porque el hecho de escribirlo nos ayuda a "fijar" el texto.
Quizás no transcribirlo íntegro, renglón por renglón, sino a modo de esquema, anotando sólo algunas cosas; por ejemplo, los personajes, lo que dice Jesús, los distintos temas...
Es acá donde vamos dándonos cuenta de qué es lo que dice el texto.
En el texto escogido, por ejemplo:
1 - Lo primero que vemos acá es que no es un relato, sino un discurso del Señor, y no una parábola.
2 - Podemos prestar atención en a quiénes son dirigidas estas palabras
- Primero al PADRE, después es como si pensara en voz alta y luego les habla a TODOS LOS QUE ESTÁN FATIGADOS Y SOBRECARGADOS.
3- Después podemos ver lo que le dice a cada uno:
- Al PADRE lo bendice por que le pareció bien ocultar a unos y revelar a otros "estas cosas" según cómo son, después repite unas cuantas verdades con respecto al tema "conocer" y "revelar" y, por último, a TODOS LOS QUE ESTÁN AFLIGIDOS hace una invitación;
4- Entonces ahora nos seguimos fijando en cada cosa:
- Están "estas cosas" que son reveladas, ¿A qué cosas se referirá?
- Están los destinatarios de esa revelación, o de su ocultamiento
- Está, sobre todo, el deseo del Padre de REVELARSE. Esto es muy lindo, me llama mucho la atención, me "queda";
5- Vienen después esas frases un poco misteriosas y repetitivas. Me llama la atención que acá Jesús no habla sólo de "conocer", sino de "CONOCER BIEN";
6- Luego está esa hermosa invitación a DESCANSAR, con la que tal vez me siento más identificado, porque me acuerdo de mis fatigas y sobrecargas;
7- Finalmente aparece ese mandato de tomar su yugo, y APRENDER DE ÉL.
Como vemos, vamos a tener que optar por algunas cosas, porque es muchísimo lo que hay en el texto.
Entonces, el objetivo de esta primera etapa es caer en la cuenta de todo lo que el texto dice. Y esto hay que hacerlo con cuidado, porque es la base de todo el resto.
Lo que pasa normalmente es que, cuando uno va a hacer meditación sobre un texto breve, uno inmediatamente salta a las pías consideraciones; y éstas ya no son Palabra de Dios, y lo que es importante es mantenerse en la Palabra de Dios.
B. MEDITACIÓN
Ahora tratamos de ver que es lo que el texto ME dice. En la lectura veíamos lo que dice el texto, ahora es lo que me dice; o sea, tengo que empezar a ver dónde estoy yo ahí.
Una de las formas es tomar lo que anoté, o de lo que me llamó más la atención, y hacer un ejercicio:
- Bueno, me llamó la atención las ganas de revelarse que tiene el Padre. Y me imagino cómo podrá ser tal Padre de bueno que, siendo que su propio Hijo, Jesús, lo llama "Padre, Señor del cielo y de la tierra", quiere revelarse a los pequeños; ver qué es lo que el Padre me ha ido revelando a mí a través de mi vida pensar si yo realmente conozco bien al Padre o al Hijo si seré uno de esos a quienes el Hijo quiere revelar al Padre si yo estoy entre los fatigados y sobrecargados y de qué estoy fatigado y sobrecargado
Entonces vamos, de a poco, leyendo el texto, pero en clave de primera persona, viéndome yo en el texto, viendo qué significa cada cosa en mi vida. Y también vamos anotando.
C. ORACIÓN
Como decíamos al principio, toda la lectio es oración: el ponernos en presencia de Dios es oración, el invocar al Espíritu para que nos ilumine es oración, el leer es oración...
A este momento lo podríamos llamar "de contestación", porque es aquí donde nosotros, después de leído y meditado, tomamos la palabra.
La oración, que es como la consecuencia lógica de los dos momentos anteriores.
Por ejemplo, en nuestro texto: yo ya escuché por la lectura, traté de elaborar por la meditación, me quedé impresionado cuando caí en la cuenta de que para imitar a Jesús hay que conocerlo, y a Jesús sólo lo conoce el Padre y aquellos a quienes el Padre se lo quiere revelar. Y entonces ahora se lo pido.
Lo interesante es que la oración esté hecha con las mismas palabras del texto.
Y una forma de orar podría ser repetir esto un rato largo: "Señor Jesús, que pueda imitarte; que te conozca; que te me reveles"
Y estas cosas ya estaban al principio, cuando comenzamos a leer; y así resulta que la oración en la que terminamos sigue estando bien ceñida al texto.
También hubiéramos podido terminar de muchas maneras diferentes.
O, después de un rato de repetir, quedarnos en silencio.
O seguir, porque yo le estoy pidiendo a Jesús que se me revele, y en este mismo texto Él se me está revelando cuando me dice "yo soy manso y humilde de corazón" y "en mí encontrarás descanso". Y entonces no pedir, sino gozarnos con lo que el Señor nos revelo, alegrarnos de su presencia, empezar a hacer práctica de ese descanso que me prometio...
D. CONTEMPLACIÓN
La contemplación es, dentro de la lectio, lo que menos depende de nosotros, es algo que viene directamente del Espíritu Santo.
Por lo tanto, ya queda fuera de lo que estamos tratando acá.
No se puede decir cómo hay que hacerla. Pero sí es bueno aclarar algo acerca de lo que resulta.
En este contexto de la lectio divina, la contemplación no es ponerse con los ojos en blanco, o levitar; sino más bien es esa especie de gustito que uno siente, esa alegría, esa sensación de bienestar, de paz, de gozo.
Más que una cuestión sensible, es una cuestión del corazón. Es esa sensación de decir de golpe: “¡uy! ahora, este texto a mí me ha hecho descubrir algo de Jesús”. No una cosa que yo leí en un libro, algo que me dijeron, sino que fue algo mío, algo que el Señor me lo dijo a mí, algo que yo escuché de sus propios labios.
Si se dio o no esto que llamamos contemplación lo vamos a notar por las consecuencias que tuvo en nuestra vida. Si esa Palabra que leímos verdaderamente se encarnó en nosotros; si el Evangelio, ese pedacito que leí hoy, se hizo parte de mi vida, de mi forma de vivir.
Y esta es la lectio
Y todo esto es bueno anotarlo, porque nos va marcando un camino. Y si nosotros, después de un mes de hacer lectio, repasamos lo vivido, vamos a notar cómo el Señor nos está llevando por un lado y no por otro. Y vamos viendo en este camino nuestra propia historia.