Hubo un hombre de vida venerable, bendito por gracia y por nombre Benito, que desde su más tierna infancia tuvo la prudencia de un anciano. Adelantándose a su edad por sus costumbres, no entregó su espíritu a ningún placer sensual, sino que en esta tierra en la que por un tiempo hubiera podido gozar libremente, despreció, como ya marchito, el mundo con sus atractivos.
San Gregorio, Libro segundo de los Diálogos, Prólogo
San Benito vivió entre los años 480 y 547, período fundamental en la historia de la Iglesia y su relación con el imperio romano. El papa San Gregorio Magno, quien escribió su vida en el año 594, destaca el rechazo de Benito por la vida romana de su época, así como los estragos provocados por las invasiones de los godos.
En medio de la desorientación tras la caída del imperio milenario, la vida y obra de San Benito se presentan como una guía hacia una nueva civilización, fruto del encuentro entre culturas diversas.
La fundación de Montecasino hacia el año 529 y la redacción de la Regla fueron pasos decisivos para presentar el monasterio como una "escuela del servicio del Señor", con Cristo como roca firme de todo proyecto humano.